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Compañía
permanente.
Desde su nacimiento
se convirtió en una compañía permanente, las veinticuatro horas, en
medio de cualquier actividad, siempre a escasos metros, siempre en
medio, no importaba el polvo, o el humo, ni el cemento, ni las
temperaturas del sol o la nieve, hasta tal extremo que en cualquier
actividad tenía que ponerle un cualquier objeto e indicarle que ese
era el límite que no debía traspasar. Bastaba decirle una sola vez
que no pasara cuando se acercaba a la zona de trabajo y llegaba al
objeto para que comprendiera que ese día, ese objeto, era el límite
que no debía traspasar.
Luis Gálvez. |